martes, 8 de marzo de 2016

El primer azahar... Recordando a Don Publio.

Don Publio Escudero, descanse en paz.

Está siendo un invierno extraño, sin apenas frío y éste ha empezado escasamente en los albores del mes de febrero regalándonos un verano eterno que parecía no querer irse...y sin apenas otoño no hemos tenido tiempo de abrigarnos, ni de usar apenas nuestras gabardinas como era de esperar...

Cuando ahora, estrenado el mes de marzo, llegan aún sin haberte despedido invierno, las primeras brisas con el aroma de la primavera desde ese patio cercano, desde esa calle , desde esa plaza...desde hace unos días.

Pero es sólo hoy cuando la puerta por la que solía aparecer cada mañana con andares rápidos y cabizbajo y con una pequeña sonrisa cómplice dibujada entre murmullos... seguramente metido en sus oraciones o en sus primeras meditaciones matutinas... ¿por qué no? repitiendo su homilía en el aire a los primeros pájaros de la Avenida...cuando ha brotado el “primer azahar”.

Un azahar intenso y fuerte que explota a borbotones, esta vez sin timidez, de donde antes sólo eran pequeños brotes y perlas blancas que no parecían  terminar de abrirse. Ahora no, ahora son  pequeños ramilletes de novias, blancos y con un aroma intenso que brota de un alma convertida por completo que quiere multiplicarse y empaparnos a toda la Ciudad celebrando su marcha...pero no se va,... Don Publio, se queda. Si, tranquilos se queda. Pero aún así, quiere darnos la mejor de las homilías, la mejor de las clausuras de cursillos de este largo cursillo que ha sido su paso por la vida.

Hoy ha sido esa gran Ultreya en su llegada al cielo...y viene a nuestros oídos cuando al salir de cada cursillo recomendaba que no nos quedáramos en el azahar, en lo bonito de las flores, en lo romántico, en el aroma de la euforia a  nuestro paso por esos días intensos de nuestro encuentro con Dios,... sino que floreciéramos  y nos convirtiéramos en naranjas primero y en árboles robustos con verdaderas raíces como las suyas, que tras mas de cincuenta años,... han agarrado los cimientos de nuestra ciudad y sostienen  la mismísima Giralda.

Llegan tiempos valientes, Don Publio te necesitamos a nuestro lado y sé que sales a contagiarnos de nuevo con tu olor, con ese “primer azahar” de tu llegada al cielo y de tu abrazo definitivo con el Padre, pero sé que seguirás sosteniéndonos a todos y volviendo en cada encuentro, en cada Clausura en cada Ultreya ...y en cada paseo por la vida a recordarnos que sólo hemos de seguir siendo como fuimos un día... “De Colores”.


Gracias, Don Publio, gracias.
Beatriz.