miércoles, 13 de mayo de 2015

El año de la Vida Consagrada, por la Hna. María Elena (11 de mayo)

La hermana María Elena Fernández, misionera eucarística de Nazaret, y hermana nuestra del Movimiento de Cursillos era la encargada de llevar adelante la sesión de escuela de formación del día 11 de mayo de 2015. Esta sesión tuvo lugar en la Capilla del Perdón, dentro de las instalaciones de la Casa y sede del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Sevilla.

María Elena estuvo cerquita de Jesús en el Sagrario, sentada con su guitarra en la mano. Comenzó leyéndonos el Mensaje del papa Francisco en el que dedica el año a la Vida Consagrada. Ponernos delante de Jesús para reconocer y agradecer este don que son para la iglesia, las personas consagradas.

Todo el evento se desarrolló entre la exposición íntima de sus sentimientos a través de la palabra y de la música. Así, comenzó con la primera canción para ponernos en presencia del Señor y nos cuenta cómo nace su vocación, a partir de la percepción del amor desmesurado de Dios. Esto lleva a un diálogo con Él, en el que descubre esa vocación. En la segunda canción, expresa “Cuánto me quieres, Señor" y se vive ese diálogo en clave de escucha, en clave de abajarse, de dejarse mirar por el Señor. Se vive en clave de oración, como nos dice a través de su tercera canción. Una oración que nos llevará a caminar desde Cristo, que sería la definición de la vida consagrada: Dejarlo todo y poner toda tu vida a disposición del Señor.

 Y una vez que se da ese paso, llega la adhesión total a Cristo: ser de Cristo es la esencia de la persona consagrada. Entrega total al Reino de Dios. Y desde esta adhesión a la persona de Jesús, se tienen que entender los famosos votos que profesan las personas consagradas. Los votos tienen por última finalidad parecerse más a Jesús. En vez de ser opciones represoras o esclavizantes, son absolutamente liberadores, llegando a no desear nada, solamente “desaparecer”, como nos cantó en su quinta canción.

Pero claro, nos decía que la vida de Jesús es tan amplia, que una persona no puede abracarla. De ahí surgen los distintos carismas de las distintas órdenes de vida consagrada: Jesús es un gran mosaico y cada carisma es una tesela que juntos se acercaran a hacer presente a Jesús. En la sexta canción nos contaba que a ella Dios le puso para amar el carisma de la Eucaristía, ese gran invento de Jesús para quedarse realmente y para siempre con nosotros.  

Y como en todo seguimiento a Jesús, la pregunta de cómo alimentar ese camino. La respuesta la sabemos, todos los que hemos hecho un Cursillo de Cristiandad: Con los sacramentos, con la oración y con la escucha atenta y meditada de su Palabra. En la canción siete cuenta cómo Jesús nos habla claramente a través de ella.

En el trato con Jesús, no se puede obviar la existencia de momentos de dolor y sufrimiento. "Acudamos al Sagrario", decía, "poniendo los ojos en Jesús que fue por delante de nosotros con su cruz, tema de su canción número ocho". Y nos recordó una frase: “Al Sagrario entramos para adorar y salimos para servir”, entramos con la cruz para salir resucitados.

Y ya se descubre el gozo que provoca en el alma el sentirse amado, sentirse llamado a servir a los demás. Gozo que nos lleva a la alabanza a nuestro Dios, y en especial a María como Madre, que apoya y acompaña en nuestro caminar, como nos cantó en la canción novena.
Acabó con el agradecimiento profundo a la vida consagrada, y en concreto al carisma de la Eucaristía. Fue su canción número diez, con la que se despidió. “Es Jesús que está en el Sagrario, que me ama sin descanso. Jesucristo me ha llamado, y en su amor yo me perdí”.

Cuántas gracias dimos al Señor, y seguimos dando, por la escuela de formación del pasado 11 de mayo. Gracias a Dios por prestarnos a la hermana María Elena.

Texto elaborado en base al documento compartido por los responsables de la escuela de formación del Movimiento de Cursillos de Cristiandad: Valle P. y Benjamín G. Fotos realizadas por Miguel M.