martes, 15 de marzo de 2016

Carta al Padre Don Publio

CARTA AL PADRE PUBLIO

  Te conocí hace más de 30 años, un día que pasé cerca de la calle Segovias y me invitaste a entrar. Una charla larga y fructífera, andaba un poco perdida pero encontré el Camino, me invitaste, a un encuentro que había en San Juan de Aznalfarache, un CURSILLO DE CRISTIANDAD, mi clausura nunca lo olvidare el 12 de octubre fiesta del Pilar día en que mi padre, un gran creyente entregó su alma a Dios con 52 años, me aclaraste tantas cosas. Recuerdo tus palabras en la clausura: CRISTO CUENTA CONTIGO.

Padre Publio, qué difícil es decir que SÍ, pero te digo que merece la pena, me enseñaste el rostro y amor del Padre en aquella maravillosa parábola del amor del ”Padre del Hijo Prodigo”, y después cuántos cursillos, charlas y encuentros en los momentos más difíciles de mi vida, pero tú siempre estabas ahí, no solo como sacerdote sino como amigo ese amigo que nunca falla que sabe consolar con sus palabras y su testimonio de vida , porque todo lo que has predicado, antes lo has vivido; porque eres un reflejo fiel de la Palabra del Maestro, jamás has condenado siempre has tenido esa palabra de esperanza “cambiará” y tú sabes a lo que me refiero es nuestro secreto.

 Un gran Ministro del Señor un gran Sacerdote, en tus manos el Cuerpo de Cristo se ha hecho presente, porque antes de consagrar le has dado vida con tu vida coherente con el Mensaje que el Maestro te transmitió y en ti  ha dejado la huella “El Señor es mi Pastor nada me faltará”.
                                  
En el año de la Misericordia
Llamaste a tu hijo Publio, tu elegido
Testimonio de vida y entrega a Ti y a los más necesitados
Saliendo de la Catedral
Comenzó a llover
Era tu amantísima Madre Virgen de los Reyes
Que lloraba por su hijo tan devoto de ella
Pero a pocos metros resplandecía el sol
Ese Sol de la Resurrección.
Publio creíste en la Vida, no hay muerte
Hay vida la  que me trasmitiste a mí
Y a los que te conocimos,
Tu cara sosegada en tu adiós
Demostraba que el Padre te había abrazado
Y te tenía dispuesta una de sus moradas
Señor Jesús gracias por este gran
Ministro e hijo tuyo que tanto bien ha hecho
                                 Y que hoy vive en la plenitud
                                              

DE COLORES