jueves, 4 de julio de 2013

"¿Estás enamorado?", por el padre Adrián Sanabria

El padre Adrián Sanabria es el vicario episcopal para la nueva evangelización en Sevilla y vivió la experiencia del Cursillo de Cristiandad en la década de los 90.
Puede seguir las actualizaciones de los textos que escribe en el blog:
http://www.archisevilla.org/blogs.php?blog=8


¿Estás enamorado? Imagino que os ha podido sorprender el título de la reflexión de esta semana. No penséis que quiero convertir este blog en un espacio de cotilleos o prensa rosa. El motivo de titular así la reflexión es porque el Papa Juan XXIII decía que creer es «estar enamorado de Dios». Nada nos acerca mejor al núcleo de la fe cristiana que la experiencia del enamoramiento. Como todo enamoramiento, el enamoramiento de Dios nos rescata del aislamiento, nos libera de miedos, nos atrae hacia la persona amada, nos eleva y potencia, nos hace vivir amando.

Todo enamorado llega a vivir en la persona amada. Así le sucede al creyente que, de alguna manera, llega a vivir en Dios. Y es entonces cuando, habitado por ese amor, se siente atraído a vivir amando sin restricciones, como ama Dios que «hace salir el sol sobre buenos y malos y hace llover sobre justos e injustos» (Mt 5,45). El amor de Dios que experimenta en su corazón es el mismo que vive, experimenta y dirige hacia toda persona que encuentra en su camino. 

Para el cristiano el amor no es simplemente un valor moral o una ley. El amor es la vida misma vivida de manera auténtica y sana. La vida vivida desde su verdadero origen y orientada positivamente hacia su verdadera plenitud. La fuerza vital que circula por nuestro ser buscando expansión y plenitud sólo está orientada de forma positiva y acertada, cuando está impulsada por el amor y cuando está dirigida hacia el amor. La vida es vida cuando es vivida desde el amor y hacia el amor. Nuestro lema de vida tendría que ser : amo porque vivo , vivo porque amo. 

El amor ha de poner en juego la capacidad afectiva y la inteligencia del creyente, su sensibilidad y vitalidad, sus gestos y su palabra, su personalidad entera. El creyente puede hacer cosas muy diferentes, pero siempre estará haciendo lo mismo: amar. El amor da unidad a la actividad del creyente, lo relaciona todo con la «fuente interior». El amor estimula lo mejor que hay en él, dinamiza su persona, hace crecer sus energías, despliega su creatividad, pone color en la rutina diaria, da contenido interno a lo que hace. El amor enraíza al creynete justamente en lo más hondo de su ser que es Dios, misterio de amor. 

Recordemos las palabras de San Pablo a los Corintios : un amor que disculpa sin límites, que cree y espera sin límites, que todo lo excusa, que todo lo perdona, que todo lo soporta, que no es envidioso, ni grosero, que no critica, que no lleva cuentas del mal, un amor que no pasa nunca. En la primera carta de Juan se nos dice: ¿Cómo puedes decir que amas a Dios al que no ves si no amas a Dios al que ves? Y también nos dice la carta de Santiago “ que solamente podremos hablar de nuestra fe si ésta viene abalada de obras de caridad y amor”

Hoy más que nunca hay que amar sin esperar nada a cambio, amar a fondo perdido, amar con todas nuestras fuerzas. Estoy convencido que la protagonista de la siguiente historia estaba enamorada de Dios y , desde su pobreza, servía como veréis al prójimo: 

"Se encontraba una familia de cinco personas pasando el día en la playa. Los niños estaban haciendo castillos de arena junto al agua cuando, a lo lejos, apareció una anciana, con sus canosos cabellos al viento y sus vestidos sucios y harapientos, que decía algo entre dientes mientras recogía cosas del suelo y las introducía en una bolsa. 

Los padres llamaron junto a sí a los niños y les dijeron que no se acercaran a la anciana. Cuando ésta pasó junto a ellos, inclinándose una y otra vez para recoger cosas del suelo, dirigió una sonrisa a la familia. Pero no le devolvieron el saludo. 

Muchas semanas más tarde supieron que la anciana llevaba toda su vida limpiando la playa de cristales para que los niños no se hirieran los pies". 

Os animo a enamorarnos perdidamente de Dios, merecerá la pena. Y que ese amor a Dios nos aliente a "recoger cristales por las arenas del mundo"

No tengáis miedo, buena semana.
Adrián Sanabria Mejido.