lunes, 18 de febrero de 2013

Escuela de metodología de Madrid


¡Aquí huele a Escuela! Fue lo primero que pensé cuando conocí metodología por primera vez. No podía ser de otro modo: nacía de la Escuela y para la Escuela y llevado por gente de Escuela.
Los dos años anteriores se me pidió participar dando rollos y además de mis nervios lógicos y de mis miedos por no cumplir los objetivos que se me pedían, me sentí por una parte honrada de participar en algo nuevo y que parecía apasionante, y por otra completamente emocionada al ver la respuesta de la gente.

Este año se me ha pedido que sea yo la encargada de llevar esta Escuela de Metodología y me está siendo fácil, no hago sino recoger el trabajo que ya hicieron Agustín y María.
Pero una cosa ponía el Señor en mi corazón cada vez que rezaba por la Escuela: “piensa, me decía, por qué tú amas al MCC y por qué amas la Escuela; piensa qué veías en la Escuela cuando tú empezabas y que es lo que te alentaba a seguir” y siempre llegaba a la misma conclusión: veía gente enamorada, entusiasmada, gente fiel al Señor y al Movimiento, gente que se empeñaba y demostraba con su vida que se puede ser Santo con los medios que el Señor nos regala a través de Cursillos.
Y eso es lo que yo quiero para la gente de la Escuela de Metodología: que se enamoren del Señor y su Método oyendo y viendo a gente enamorada de entonces y de ahora. Se puede, ellos son el testimonio vivo, se puede ser fiel, santo y feliz, se puede seguir después de 50 años o de 30 o de 20 con la ilusión como si la acabaran de estrenar. Ellos lo están demostrando con sus vidas, sin jactarse de nada, porque saben que todo es puro don de Dios, porque es Él el que te fideliza… Pero yo también os digo que requiere de voluntad y esfuerzo. El Reino de Dios es para los esforzados. Y el Movimiento de Cursillos de Cristiandad también. Todo lo que cuesta vale la pena. La Perla escondida vale la pena. Y el Método de Cursillos vale la pena.
Y también requiere oración. El paso hacia la Escuela requiere tiempo de discernimiento ante el Señor para preguntarle si éste es el sitio de la Iglesia donde te quiere trabajando. Y si la respuesta es en Cursillos, en la Escuela, no creas que el Señor va a estar cambiando de opinión a cada momento. Ser dirigente de cursillos requiere exclusividad, no te da la vida para más. Pero claro, depende de cada circunstancia y de la libertad de cada uno.
Cuando me encontré con el Señor hace 28 años en mi Cursillo, la única respuesta que pudo salir de mi corazón por tanto amor fue la acción de gracias. Por puro agradecimiento empecé a caminar en Cursillos, pues era el medio por el que me había encontrado con el Señor de mi vida. Y por puro agradecimiento sigo en Cursillos, es donde soy más feliz: ” no tengo más remedio”.
Cuanto más conozco el “Método” que Dios nos regaló hace casi 64 años más perfecto me parece. Es como la maquinaria de un reloj suizo, el engranaje es perfecto. Somos nosotros los que todavía no sabemos cogerle las vueltas. Por eso este año la primera ilusionada en que la Escuela de Metodología me va a servir soy yo. Hace poco rescaté una carta de Sebastián donde como siempre me alentaba a empezar el año con ilusión trabajando en la Escuela y decía: ” si este año no conseguimos que esto funcione me corto la coleta”. Nunca se la cortó. Gracias a Dios. Yo quiero seguir trabajando y contagiarme de esos ojos limpios y sin prejuicios de esas más de 65 personas que han empezado el camino de la Escuela de este año. Por ellas, ofreceré mi miedo (que lo tengo, el de fallarles, el de transmitirles algo que no pertenezca a la esencia de Cursillos) y también el sacrificio de no poder participar en mi Escuela de Dirigentes. Llevo muchos años viviendo de, en y para ella. Es mi casa. No sé estar en otro sitio. Por eso desde el primer día pusimos esta Escuela de Metodología en manos del Espíritu Santo y pedimos la intercesión de Sebastián. Nadie como Ellos conocen este instrumento. Pero también María, Juan Carlos, Cándido y yo os pedimos oración a vosotros, nuestra Comunidad. Nosotros estamos de Misión, pero vosotros sois nuestra Madre y os toca cuidarnos. Gracias.
De Colores.
Goyi Cerro
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