lunes, 24 de diciembre de 2012

"El buey y el asno" - Carta pastoral del consiliario nacional de Cursillos de Cristiandad


En un marco lleno de referencias históricas se sitúa el nacimiento de Jesús en Belén. Así lo anuncia el Martirologio Romano: “Veintiún siglos después de la emigración de Abrahán, nuestro padre en la fe, de Ur de Caldea; trece siglos después de la salida del pueblo de Israel de Egipto bajo la guía de Moisés; cerca de mil años después de que David fuera ungido como rey en la semana sesenta y cinco según la profecía de Daniel; en la Olimpíada ciento noventa y cuatro, el año setecientos cincuenta dos de la fundación de la Urbe, el año cuarenta y dos del imperio César Octavio Augusto”. El evangelio afirma que mientras estaban allí (Belén) le llegó a ella (María) el tiempo del parto y dio a luz a su primogénito, lo envolvió en pañales y lo recostó en un pesebre porque no había sitio para ellos en la posada (Conf. Lc 2,6).
Probablemente pudo ser en una gruta natural como tantas que hay hoy en los alrededores de Belén. Una gruta como la que se venera bajo la Basílica de la Natividad en Belén, doce metros de largo por tres y medio de ancho pudiendo tocar el techo con las manos. Fue probablemente de noche porque el evangelio dice que los pastores estaban velando. Haría ese fresco nocturno, de países cálidos que no llega ser un verdadero frío pero que exige hoguera a quién ha de pasar la noche a la intemperie “En aquella región había unos pastores que pasaban la noche al aire libre velando por turno su rebaño. De repente un ángel del Señor se les presento, la gloria del Señor los envolvió de claridad. El ángel les dijo: no temáis os anuncio una buena noticia que será de gran alegría para todo el pueblo, hoy en la ciudad de David os ha nacido un Salvador, el Mesías, el Señor, y aquí tenéis la señal encontrareis un niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre” (Lc 2, 9-11).
Este pesebre hace pensar que había allí animales y es donde comían. El evangelio no habla de animales pero la tradición cristiana leyendo el profeta Isaías en donde se dice: “el buey conoce a su amo y el asno el pesebre de su dueño” (Is 1,3) se ha inspirado en este texto para introducir junto a la cuna de Jesús en Belén un buey y un asno capaces de reconocer al mismo Señor.
Algunos santos Padres interpretan que el buey y el asno representaban la unidad del Antiguo y Nuevo Testamento; otros proponen que simbolizan la unión de judíos y gentiles; y desde muy antiguo existe una leyenda según la cual san José habría llevado el buey a Belén para pagar el tributo al Cesar, mientras que la borriquilla o la mula habrían servido de cabalgadura a la Virgen para trasladarse de Nazaret a Belén porque aunque la distancia era de pocos kilómetros era excesivo hacerlo andando, sobretodo una mujer en trance de dar a luz.
De ahí que la bendita tradición haya colocado en nuestros belenes esas dos figuras junto al pesebre. El papa Benedicto XVI, siguiendo a san Agustín, explica una profunda verdad. El pesebre es donde los animales encuentran su alimento. Sin embargo, ahora yace en el pesebre quien se ha indicado a sí mismo como el verdadero pan bajado del cielo, como verdadero alimento que el hombre necesita para ser persona humana. Es el alimento que da al hombre la vida verdadera, la vida eterna. El pesebre se convierte de este modo en una referencia a la mesa de Dios, a la que el hombre está invitado para recibir el pan de Dios. En la pobreza del nacimiento de Jesús se perfila la gran realidad en la que se cumple de manera misteriosa la redención de los hombres.(Conf.  J. Ratzinger – Benedicto XVI, La infancia de Jesús).
Para entender el misterio de la Navidad hay que hacerse niños y muy pequeños. Un investigador agnóstico acudió al prior de un monasterio exponiéndole una preocupación y un fracaso: Por más que consulto libros no logro encontrar a Dios. Y el monje le respondió: esto le sucede porque aún no te has inclinado bastante. Es el mensaje de Navidad. Inclinarse y rebajarse mucho para ver a Dios, como hay que bajarse a la entrada de la cueva Belén. A Dios no se le encuentra en libros, sino en la frialdad de un pesebre. Y el método no consiste en estirarse oteando el horizonte sino en inclinarse hasta tocar el suelo como lo hizo Él.
Feliz navidad al Movimiento de cursillos de Cristiandad.
  + Ángel Rubio Castro, Obispo de Segovia
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FELIZ NAVIDAD.