martes, 20 de marzo de 2012

Testimonio de Laura tras el Cursillo Nº 712

Ayer me pasó algo que no podía dejar de compartir con vosotros... 

Cuando llegué a casa y me fui a la cama, cogí mi Biblia y fui a leer algo del evangelio, dentro de la Biblia cuando la abrí, encontré un folio doblado en cuatro con algo escrito a ordenador, lo comencé a leer y me llevé la sorpresa del millón: ¡¡¡ Una carta de padre Ángel hablando del cuarto día!!!  

No sé cómo ha llegado esa carta ahí... Me imagino que mi padre algún día me la dio, yo la metí ahí y hoy después de años, la encuentro recién salida del cursillo y precisamente con el padre Ángel (director espiritual del propio Cursillo 712)... Si eso no es Dios, que me lo digan.

De colores.

Laura.

Aquí os dejo la carta:

ZAQUEO, O EL DÍA DESPUÉS
(Lucas, 19, 1-10)

Jesús transforma a la vida a las personas con quienes se encuentra. Una vez, pasando por Jericó, miró a un publicano que aguardaba subido en un árbol y se “autoinvitó” a ir a comer a su casa. Al terminar la comida, absolutamente eufórico (¿qué estaría diciendo Jesús, cómo estaría mirando a Zaqueo, qué estaría pasando por los corazones de los que escuchaban?), Zaqueo prometió devolver lo que había robado y, más aún, si a alguien había defraudado, devolverle cuatro veces más. Jesús le contestó que aquel día había entrado la salvación a su casa. Y “siguió su camino”.

Cuando la euforia de la visita de Jesús a aquella casa pasó, cuando todos los invitados se fueron y Zaqueo se quedó solo con su mujer, ¿qué le dijo ésta? ¿cómo fue la escena que protagonizaron ya solos? Seguramente su esposa le diría tú eres tonto, cómo vas a dar tu dinero, tú lo has ganado con tu trabajo honrado, qué te importan los pobres, ese Jesús te ha comido el coco, tú no me puedes hacer esto, piensa en los niños y en tus amigos y en tu futuro, quién te va ahora a mirar a los ojos, qué va a ser de tu status social, no comprendes que tu te debes a una posición, a un trabajo y a una familia?

Yo creo que, pese a todo el chorreón, Zaqueo fue capaz de mantener su compromiso: no se puede impunemente mirar a Jesús a los ojos, escuchar su invitación, y permanecer igual; bueno sí, pero a costa de una profunda infelicidad, la que persiguió al joven rico que se fue del lado de Jesús sin aceptar su invitación. Como dijo el propio Jesús, después de poner la mano en el arado, no se puede mirar atrás.

El Evangelio no nos cuenta cosas que pasaron, sino que nos pone delante nuestra propia vida y nos da la clave para entender lo que vamos viviendo. Zaqueo eres tú: has admitido a Jesús en tu casa y ese acontecimiento te ha cambiado: tú sabes que las cosas no van a ser igual, no pueden ser igual, lo tienes absolutamente claro. Pero ya no estás en el ambiente cercano del cursillo donde Jesús es más palpable, más claro, el grupo te acompaña y los rollos y las meditaciones te lo explican bien todo. Ahora estás solo, no tienes el ambiente acogedor del grupo, de las prácticas, de la presencia evidente de Jesucristo, sino que te has encontrado con la misma gente, los mismos problemas y las mismas presiones que antes. Como a Zaqueo, mucha gente te va a decir que estás tonto, que no seas loco y que antes del cursillo te iba estupendamente, que esto de Jesús está bien para unas primeras comuniones, una boda o una procesión del día de la patrona, pero que la vida es dura, hay que luchar, camarón que se duerme, conviene hacer lo que todo el mundo y que el taco es el taco y no hay más vida ni más cera que la que arde en nuestra sociedad.

Que sepas que las cosas pueden ser de otra forma. Que Zaqueo seguramente lo consiguió, porque, te repito, si has visto en tu corazón los ojos de Jesús y has sentido la calidez de su palabra y su llamada, no tienes otra opción ni otro gozo ni otra manera de ser feliz, que seguirlo, que vivir según Él, que dejar que Él siga viviendo en tu vida, transformándola.

Que la presencia de Jesús te ayude a pintar de colores tu existencia y la de los que te rodean, que ya está bien de hombres grises (recuerda la novela juvenil "Momo") y de existencias anodinas y opacas: tú estás llamado a algo más.

Sigue de colores y recuérdame en tu oración.

Ángel Manuel.