miércoles, 14 de marzo de 2012

Charlas Cuaresmales 2012: "Que nada nos distraiga de lo esencial".

SEVILLA (12-03-12).- El arzobispo de Sevilla pronunció la tarde del lunes la primera de las cinco conferencias cuaresmales del ciclo de este año en la Parroquia del Sagrario de la Catedral. Mons. Juan José Asenjo lanzó un programa para el cristiano en plena Cuaresma, en el que no faltaron las alusiones al pensamiento débil, los estilos de vida que nos alejan de lo esencial de la fe y la crítica a iniciativas legales que suponen un menoscabo de la dignidad humana. Tuvo también un recuerdo hacia las víctimas de la crisis, y pidió una mayor cercanía hacia estas personas, sin olvidar una recomendación muy concreta a quienes dejan pasar la Cuaresma con la vista puesta en las vivencias de la Semana Santa: "que nada nos distraiga de lo esencial".


Invitación a la conversión
Comenzó su conferencia con una alusión a los textos litúrgicos de estos días, de donde nace “una vigorosa invitación a la conversión”, y recordó que “cada uno de nosotros después de nuestro bautismo, fuimos una obra perfecta salida de las manos de Dios. En el Bautismo fuimos incorporados a Cristo, unidos a Él, recibimos la gracia santificante que nos hizo hijos de Dios y partícipes de su naturaleza divina y miembros de la familia de Dios, convirtiéndonos además en templos de la Santísima Trinidad”. “Por el bautismo –añadió- además quedamos constituidos en miembros de la Iglesia, permitiéndonos vivir nuestra fe no de forma aislada en individual, por libre o a la intemperie, sino acompañados, sostenidos y guiados por una auténtica comunidad de hermanos. Muy probablemente, sin embargo, ese cuadro ideal se ha ido deteriorando en nosotros con el paso del tiempo”.

Calificó la Cuaresma como “un tiempo especialmente fuerte en el que nos invita a la renovación, a la conversión, a la restauración de nuestra vida cristiana”. A continuación, destacó que la conversión debe comenzar por el corazón, “sede de los sentimientos y de los afectos, de la bondad y la maldad, que después rebosan y se manifiestan en nuestra boca y en nuestras obras”. Subrayó que “no se trata, pues, de un cambio superficial, cosmético o aparente, sino de penetrar con hondura y verdad en el fondo, en lo más recóndito, de nuestro corazón, para descubrir nuestras miserias, esclavitudes y claudicaciones, el egoísmo insolidario, la envidia, la impureza, la tibieza y la resistencia pertinaz a la gracia de Dios”.

Alusión a leyes que afectan a "materias sensibles"

En esta línea, afirmó que nuestra vuelta al Señor exige también “la conversión de la mente, que en muchas ocasiones es la verdadera raíz de nuestros desvaríos y hasta de la pérdida de la fe”. En este punto aludió al “pensamiento débil, los estilos de vida que difunden algunos medios de comunicación social, algunas leyes que afectan a materias tan sensibles como la educación de la juventud, el matrimonio, la familia, las fuentes de la vida y su final, van creando estados de opinión en los que se canonizan comportamientos y formas de vida objetivamente desordenados, al tiempo que se favorece la confusión entre moralidad y legalidad, como si todo lo que es legal fuera moral”. De forma concreta, mons. Asenjo Pelegrina aludió al aborto, “que en el año 2011 en España segó en su raíz más de 110.000 vidas no nacidas, la eutanasia, que está semilegalizada en los textos legislativos de algunas autonomías, la investigación con embriones y la extensión abusiva del concepto de matrimonio a realidades que no lo son”.

Defensa del matrimonio homosexual y el aborto en nombre del progreso

En este apartado puso un ejemplo: “no hace muchos días una joven de familia muy cristiana, educada en un colegio de religiosas, me defendía la bondad del llamado matrimonio homosexual e, incluso del aborto, en nombre del progreso, de la piedad y de la solidaridad”, recuerda el arzobispo. Al respecto, el arzobispo afirmó que “hemos de estar muy encima de nosotros mismos para no sucumbir y aceptar como morales, en nombre de la compasión y de los avances científicos, formas de pensamiento y pautas legales pretendidamente humanistas, pero que se oponen frontalmente a la Ley de Dios”.

En otro momento de su alocución, destacó que “la misma importancia que tiene el agua en la vida natural, la tiene el agua viva, de la que nos hablaba el Señor en el Evangelio de ayer, es decir, la gracia santificante, en nuestra vida cristiana. Sin ella, estamos muertos en el orden sobrenatural. Ella es –destaca- nuestra mayor riqueza”. “No faltan cristianos, sin embargo, que creen que lo son porque oyen misa los domingos  o porque pertenecen a tal o cual cofradía, o porque rezan al acostarse las Tres Ave Marías o llevan al cuello un escapulario de la Virgen. Y todo ello es importante: oír Misa los domingos es un Mandamiento de la Iglesia, que tendremos que cumplir con fidelidad cada domingo; y las otras devociones pueden ser interesantes y aconsejables. Pero ello  sólo no basta. Lo decisivo -afirmó-, el verdadero sello de identidad del cristiano, es vivir en gracia de Dios”.

"Junto a las víctimas de la crisis"

El arzobispo se preguntó por el ambiente más propicio para la conversión, y lanzó varias pautas a tener en cuenta, comenzando por el silencio. Y junto al silencio, la oración, el ayuno, la mortificación voluntaria “que nos une a la Pasión de Cristo y que es fuente de energía sobrenatural y de santidad para la Iglesia”, y la aceptación del dolor, las dificultades y los sufrimientos. “En la triste coyuntura que estamos viviendo, de tanta pobreza, dolor y sufrimiento para tantos hermanos nuestros, las víctimas de la crisis económica, hemos de insistir más que nunca en la limosna discreta y silenciosa, sólo conocida por el Padre que ve en lo secreto, como nos dice el Señor en el Evangelio y que sale al paso del hermano pobre y necesitado. En esta coyuntura hemos de bajarnos como el buen samaritano de nuestra propia cabalgadura y arrodillarnos juntos a las víctimas de la crisis, para curarles las heridas físicas o morales, para ponernos de su parte  en su lugar. Hemos de compartir con ellas no sólo lo que nos sobra, sino incluso aquello que estimamos necesario, porque cuando el amor no cuesta, es pura hipocresía”, afirmó. Mons. Asenjo invitó a mirar a los pobres “con la mirada conmovida de Cristo que se compadece de las multitudes que le siguen, pero cuya mirada tiene un horizonte más dilatado, pues se extiende a la humanidad entera”.

Lo esencial: Jesucristo

Concluyó su primera conferencia cuaresmal con una propuesta: “que vuestros quehaceres, la participación en las manifestaciones de la piedad popular tan exuberante en Sevilla, que los agobios y las prisas que a todos nos acucian no nos alejen de lo esencial en esta Cuaresma y en la Semana Santa que ya adivinamos en lontananza. No consintáis que la Cuaresma se os escape de las manos", insistió. Dirigiéndose a los cofrades, hizo especial hincapié en la importancia de estas semanas, en la medida que "se revivirán una vez más vuestras hermosas y añejas tradiciones". Al respecto, señaló: "creedme si os digo que sólo una cosa es decisiva: nuestra vuelta al Señor, nuestra conversión a Él. Que nada nos distraiga de lo esencial, Jesucristo, que es mucho más que una idea, un sentimiento, unas tradiciones e, incluso, que un sistema de valores éticos y morales. Sólo el encuentro personal, hondo y cálido, con Jesucristo salvador y redentor del hombre y del mundo, vivo en su Iglesia, que transforma nuestras vidas desde dentro y que se hace presente de modo eminente en la liturgia del Triduo Pascual, dará sentido y autenticidad a todo lo demás”.

Información: archisevilla.org