miércoles, 29 de febrero de 2012

La decisión de Ana


“Hay que ser valiente y apostar por lo que crees que Dios quiere para ti, aunque nunca se tiene la certeza absoluta de qué quiere Dios para cado uno de nosotros, pero no le podemos negar algo por miedo. Siempre hay que tener esa valentía de que con el Señor pocas te equivocas”. Este ha sido uno de los últimos mensajes de Ana Victoria tres días antes de ingresar en la congregación Iesu Communio.


Ana Victoria es una joven de 24 años que se ha criado en Marchena, en el entorno de una familia cristiana. Se educó en un colegio religioso y vivió la fe como otros muchos niños a los que, al llegar al instituto, sólo les quedó la catequesis de confirmación. No obstante, tomó la decisión de hacerse catequista en la parroquia de su pueblo. Fueron seis años en los que formó parte, además, de grupos jóvenes de diferentes hermandades de Marchena.

Se sentía cristiana, sin más, hasta que en febrero de 2011 participó en un cursillo de cristiandad, cediendo por fin a la insistencia de sus padres, que tardaron ocho años en vencer la negativa incial de Ana a experimentar el “primer encuentro” que el Cursillo propone. “Entonces me di cuenta de que ser cristiano es algo más que reconocerlo, ser cristiano es sentir a Cristo dentro de ti. Para mí el cursillo fue algo muy fuerte. Allí no sentí la llamada de Dios pero sí que fue el comienzo de mi carrera porque tuve un encuentro con Cristo espectacular. Fue algo que me superó. La llama de mi fe estaba muy pequeñita y aquello me reavivó la fe”.

Discernimiento personal
A partir de ese momento Ana Victoria comenzó a plantearse algunas cosas. No sabía qué quería Dios para ella, pero quería escucharlo y cumplir su voluntad. Continuó con sus estudios en el Conservatorio Superior de Danza de Málaga, donde se estaba licenciando en Pedagogía de la Danza, y durante las vacaciones de verano participó en una peregrinación a Fátima, donde vivió su otro “gran momento con el Señor”. Pocos días después, la casualidad quiso que se topara en Internet con un vídeo de una comunidad religiosa, Iesu Communio, de la que había oído hablar, si bien su conocimiento se quedaba en detalles superficiales.

Aclara que la vocación no llegó por internet, pero reconoce que tras ver el vídeo sintió la necesidad de conocer de primera mano a estas religiosas: “vi en ellas la alegría de la Resurrección que yo sentía dentro de mí y que no podía expresar. Por ello, me decidí a conocerlas”.

El resto de la historia es la secuencia de un viaje con el viento a favor. Ana Victoria contactó con una de las consagradas, y a los pocos días viajó a Burgos para conocerlas. A su regreso buscó a un sacerdote para que le llevara la dirección espiritual porque –recuerda- “había empezado a sentir la llamada de Dios”.

Lo tuvo claro. Poco tiempo después volvió al convento, donde tuvo su primera experiencia de convivencia con la que terminaría siendo su nueva familia. Sintió que aquel era su sitio, el sitio que Dios le tenía reservado.

Familia y amigos
Ana conoció la congregación a la que ya hoy pertenece a través de un vídeo que encontró en Internet, y solo unos meses después, en diciembre, ya tenía claro que ingresaría en la comunidad. Por ello dejó su carrera y volvió a su pueblo natal, Marchena, para cerrar la que había sido su vida hasta ahora. Ahora tocaba compartir la noticia con sus familiares y amigos, y no todos reaccionaron igual.

Sus padres, “un matrimonio con mucha fe”, se lo tomaron muy bien. Ella lo explica, “porque son personas muy creyentes. Aunque sé que sufren porque el desgarro físico duele, me consta que los dos están contentos porque para una persona cristiana entregar la vida de su hija a Cristo es un motivo de orgullo”. Sus hermanos y el resto de familiares y amigos no se lo tomaron igual. “Es lógico, porque alguien que no tiene una experiencia de Cristo no suele entender este tipo de decisiones”. Ana Victoria reconoce que ha vivido una situación difícil estos dos meses en los que decía adiós a su vida actual, y recuerda cómo quienes no entendían su decisión intentaron convencerla de que recapacitara. Pero ella lo tuvo claro, no podía decir que no a la llamada de Dios.

Aún así reconoce que este paso “da vértigo”. Tiene por delante un largo recorrido de discernimiento de seis años, que comienza con el año de postulantado, al que le seguirán dos de noviciado y tres de juniorado, que conlleva los votos temporales. “Un periodo de discernimiento que me tomo como un tiempo para madurar esta decisión tan importante en mi vida, y que dura hasta que procesamos los votos perpetuos”, explica.

La suya es la decisión de otras tantas jóvenes que optan por seguir radicalmente a Dios. Una decisión madura, valiente y que rompe con el proyecto que la sociedad depara a una chica de su edad.

Publicado en Archisevilla Digital (Nº 5, 24 de febrero de 2012, páginas 6 y 7).
NOTA: Ana Victoria hizo el Cursillo en Sevilla durante el pasado curso 2010-2011.