viernes, 20 de enero de 2012

Testigos

TESTIGOS


Hay un proverbio judío que expresa bien la importancia que tiene el testimonio de los creyentes: «Si no dais testimonio de mí, dice el Señor, yo no existo».

Lo mismo se puede decir hoy del testimonio de los cristianos. Si ellos no saben ser testigos, el Dios de Jesucristo permanece oculto e inaccesible a la sociedad.

La única razón de ser de una comunidad cristiana es dar testimonio de Jesucristo. Actualizar hoy en la sociedad el misterio del amor salvador de Dios manifestado en Cristo. La Iglesia no tiene otra justificación.

En su último libro «Un Dios para hoy», M. Neusch nos ha recordado que este testimonio de los creyentes se ha de dar hoy en un contexto sociológico en el que Dios sufre un proceso condenatorio.

En la sociedad actual se está llevando a cabo, de muchas maneras, un juicio sobre Dios y, con frecuencia, los testigos que hablan contra El reciben más audiencia que los que se pronuncian a su favor.

Hemos de recordar que, en este contencioso sobre Dios, no todo lo que viven los creyentes testimonia a su favor ni todo de la misma manera. La Iglesia puede atraer hacia Dios, pero puede también alejar de El.
Lo verdaderamente importante no es el número de testigos, pues la verdad no se decide por el criterio de las cifras. Lo decisivo no es tampoco el mensaje verbal que se pronuncia, aunque hemos de seguir hablando de Dios.

Lo que ha de crecer no es tanto el número de bautizados, sino su fe y su amor. Lo que ha de cambiar no es tanto el mensaje verbal de la Iglesia cuanto la vida de las comunidades cristianas.

Difícilmente ayudará hoy la Iglesia a creer en Dios desarrollando información religiosa y doctrinal, si no es, al mismo tiempo, en sí misma, manifestación del amor salvador de Dios.

Dios no se impone en una sociedad por la autoridad de los argumentos, sino por la verdad que emana de la vida de aquellos creyentes que saben amar de manera efectiva e incondicional.

No hemos de olvidar que «el único testimonio creíble es el de un amor efectivo a los hombres, pues sólo el amor puede testimoniar del Dios Amor».

Tal vez una de las tragedias del mundo actual tan radicalizado en muchos aspectos, es el no contar hoy con experiencias de «fe radical» y de «testigos vivos» de Dios.

La figura del Bautista, verdadero testigo de Jesucristo, nos obliga a hacernos una pregunta: Mi vida, ¿ayuda a alguien a creer en Dios o más bien aleja de El?