jueves, 26 de enero de 2012

¿Hijos de un mundo digital y de un relativismo?

¿HIJOS DE UN MUNDO DIGITAL Y DE UN RELATIVISMO?


Hoy podemos afirmar que una de las características de nuestro mundo son los cambios muchos y profundos de todo tipo: Político, económico, cultural, religioso, pero sobre todo los cambios y avances verdaderamente sorprendentes y espectaculares de la ciencia y de la tecnología sobre todo en los medios de comunicación social poniendo en nuestras manos el acceso directo a toda clase de conocimientos y culturas.

Todos estos cambios verdaderamente revolucionarios en los medios de comunicación social nos abren unos horizontes nuevos y unas posibilidades de conocimiento y dialogo con otras culturas, otras razas y colores, y de despertar posibilidades de conocimiento y dialogo con otras culturas, otras razas y colores y además despertar en nosotros una nueva conciencia de una sola y gran familia humana y de una mayor solidaridad globalizada.

Junto a estos y a otros muchos aspectos positivos existen algunos peligros. Todo depende del uso o abuso de estos medios.

En concreto se puede ir creando un tipo de persona con mucha información pero con poca formación, con mucha indigestión y poca similación, personas como “almacén” de muchas ideas sueltas, yuxtapuestas, amontonadas e inconexas; ideas poco interiorizadas y poco integradas, mucha empanada mental y con frecuencia un revuelto de ideas y sentimientos en la cabeza y en el corazón.

El resultado con frecuencia es que tenemos un hombre superficial, disperso, diluido, fragmentado y con poca densidad interior.

Consecuentemente con mucha frecuencia tenemos un joven o adulto, hombre o mujer, con mucha confusión y desorientación; con incoherencias y contradicciones en su vida, con miedo al parón en su vida estresada y miedo al silencio y la verdad y con el peligro de instalarse en la duda, en la ambigüedad, en el “todo es igual”, en el “todo vale”. Personas sin criterios claros y sin convicciones profundas; sin “ideas fuerza”, sin “ideas eje” que vertebren su pensamiento y su conducta. Por eso hay tantas vidas que son como barquitos a la deriva llevados por las olas y los vientos que están de moda.

El relativismo moral y de todo tipo que nos invade y nos envuelve y el pragmatismo que nos domina lleva a muchos a un culto obsesivo a la imagen, a la apariencia, al tipo y a la figura. Personas con una adicción a lo fácil, a lo rápido, a lo inmediato, a lo novedoso con nuevas experiencias y sensaciones; adicción a lo placentero, todo a prueba, todo provisional y por otra parte con una alergia al trabajo, al esfuerzo, al sacrificio, al compromiso permanente.

¿Esto es una suposición mía o es una realidad? Aprieta un botón y mira y escucha lo que se dice, lo que se propone, lo que se ofrece y lo que se hace. Sal a la calle y abre los ojos y los oídos; ve y escucha. . . .

Para muchos todo es relativo, todo vale con tal de conseguir el dinero, el poder, el placer, etc.; todo depende del momento, de la oportunidad, de lo que conviene,  de lo políticamente correcto.

Hoy muchos, jóvenes y adultos, hombres y mujeres, desprecian los grandes principios, las verdades objetivas, los valores permanentes, todo depende de. . . . . . porque para ellos todo es relativo, todo vale porque el fin justifica los medios.

Todo esto no son teorías sino que es toda una filosofía de la vida que nos esta alcanzando y tocando a todos de una manera u otra, en un sentido o en otro.

Esta manera de ver la vida está influyendo y condicionando nuestra vida diaria y repercutiendo en la educación de los niños, en el fracaso escolar, en la provisionalidad del amor, de la amistad, del matrimonio a prueba y a plazos, en la inestabilidad y descomposición de las familias, en la corrupción generalizada que invade hoy nuestra sociedad, de arriba abajo y de abajo arriba, especialmente en la vida política y en determinadas organizaciones sociales. Corrupción que está produciendo un enriquecimiento y un despilfarro escandaloso mientras que otros están sufriendo unas durísimas consecuencias de todo tipo, personales y familiares.  

Estamos necesitando todos un parón y una reflexión seria y profunda; una renovación y un cambio de cabeza y de corazón.

La regeneración es completamente necesaria y urgente a todas las escalas.

Recordemos aquellas palabras de la Madre Teresa de Calcuta. Le preguntaron por donde había que empezar para cambiar este mundo nuestro y ella les contestó: “El cambio empieza por usted y por mí.”

Seguiremos reflexionando.

Con el cariño de PUBLIO ESCUDERO.