viernes, 16 de diciembre de 2011

Trozo de un texto de monseñor Fernando Sebastián

Salir del Iglú.

Autenticidad de los sacramentos


Algo parecido pasa con los matrimonios: ¿cuántos matrimonios hay que vayan a casarse sacramentalmente, creyendo de verdad en la indisolubilidad del Matrimonio? La media de matrimonios canónicos en España es del 48%. ¿Cuántos, de ese 48%, no tienen ni noción, ni interés, hacen un cursillito de cuatro charlas y ya está?


Estamos tratando los sacramentos como cuando la sociedad era toda cristiana, y si ahora nos parecemos al cristianismo del siglo III, nuestra pastoral tiene que parecerse a la del siglo III: con un catecumenado serio, antes o después del Bautismo. El fruto del Bautismo es la conversión personal, y eso requiere de un proceso de catequesis. Hoy, en España, tenemos que plantearnos la autenticidad de nuestros sacramentos. Amablemente, sin romper la caña cascada, sin apagar la mecha que humea, pero sin falsificarlos. Por tanto, hemos de promover, en las parroquias y en los colegios, unas catequesis de conversión. 


La catequesis es para que los catecúmenos se conviertan a Dios y a Jesús. Y la catequesis la hacen los catequistas, no los libros. ¿Qué catequistas tenemos? ¿Mueven el corazón de los chicos para que descubran la importancia de Jesús en su vida? Cuando estaba de obispo, los curas -que sufren mucho por estos problemas- me decían que estaban muy desanimados porque los chavales de Confirmación no perseveraban.


Y yo les decía: Sí que lo hacen: perseveran porque salen igual que entraron; porque no han vivido una crisis de conversión, ni se han dado cuenta de que ser cristiano requiere plantearse su vida y ver cómo ocupan el tiempo, qué clase de vida llevan, si viven en gracia de Dios o no, cómo responden de sus responsabilidades...

No está hecha nuestra catequesis para provocar una crisis de conversión. Eso lo hacen los Cursillos de Cristiandad, ¡así que ése es el modelo de nuestras catequesis!

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