jueves, 22 de diciembre de 2011

Feliz Navidad, por don Publio.

N A V I D A D

Al acercarse la Navidad estamos oyendo continuamente que estos días son días entrañables de familia y de regalos; y efectivamente son días maravillosos y misteriosos de familia y de regalos. 

Nuestro Dios es un Dios único pero no es un Dios solitario sino que es un DIOS QUE ES AMOR como nos dice San Juan, es Trinidad, es un misterio de comunión de vida y de amor, NUESTRO DIOS ES FAMILIA: Padre, Hijo y Espíritu Santo. 

El Padre tuvo el proyecto eterno, amoroso y gratuito nacido de su corazón: “Que nosotros fuéramos sus hijos adoptivos en su Hijo y por medio de su Hijo”, como nos dice San Pablo en la Carta a los Efesios. 

Y ¿cómo se realizó este proyecto Divino? Nos amó tanto que nos dio a su Hijo para nuestra salvación y que, por Obra del Espíritu Santo, se hizo hombre en las purísimas entrañas de María en el momento en el que María dijo SÍ al proyecto del Padre. 

El Hijo de Dios quiso participar de nuestra naturaleza humana para hacernos a nosotros partícipes de su naturaleza divina, como dice San Pedro. Él se incorporó a nuestra familia humana para incorporarnos a nosotros a la Familia Divina y en frase atrevida de San Agustín: “Él se hizo hombre para hacernos a nosotros dioses.” 

Y es que en el momento mismo de la Encarnación el Hijo de Dios asumió, no absorbió, en su naturaleza humana a toda la humanidad de alguna manera o como nos dice el Concilio: “El Hijo de Dios con su Encarnación se unió en cierto modo a todos los hombres.” Podemos decir que en la Encarnación Dios se humanizó y el hombre se divinizó convirtiéndonos en verdaderos hijos de Dios en el Hijo. 

Dios ya tiene rostro humano en Jesús de Nazaret. Es un niño, es el Niño Dios, es “Dios con nosotros”. En Jesús de Nazaret encontramos el rostro humano de Dios y a la vez el rostro divino del hombre. Junto al Niño Dios hay una mujer; es María. Ella es su Madre. Ella le concibió, le dio a luz, le amamantó... y junto a Ella está un hombre; es José. El hombre, bendito entre todos los hombres, a quien Dios escogió para una misión única e irrepetible de padre legal de su Hijo. Dios ha nacido en la tierra y vive en familia en la tierra. Estamos ante la Sagrada Familia. 

¿Verdad que estos días son verdaderamente días de familia? ¿Verdad que estas fiestas de NAVIDAD no son unas meras fiestas de invierno? 

También son días de regalos. El primer regalo, el regalo más grande, más inconcebible, más misterioso le hizo Dios a toda la humanidad, a todos y cada uno de los hombres. Él nos amó tanto que nos dio, que nos regaló, para nuestra salvación, a su Único Hijo. Deberíamos de llorar todos de alegría, de gozo y gratitud al DIOS FAMILIA, al Dios Trinidad. 

Dios fue el primero que empezó haciendo regalos “porque Él nos amo el primero.” ¿Verdad que la Navidad son días de regalos? Cuando los pastores de Belén recibieron, en medio de la noche, la gran alegría del nacimiento del Salvador, el Ángel les dio sus señas: “Encontraréis a un niño recién nacido y envuelto en pañales y acostado en un pesebre.”  

Los pastores fueron rápidamente en su búsqueda y le reconocieron “envuelto en pañales” y en familia; allí estaban María y José con Él. Le regalaron todo lo que tenían y se volvieron alabando y glorificando a Dios. 

Los Reyes Magos se sintieron llamados y guiados por aquella estrella que, después de muchas dificultades, les llevó hasta el lugar donde encontraron un niño envuelto en pañales con su familia José y María y el Evangelio nos dice; “Que postrándose le adoraron y abriendo sus cofres le ofrecieron sus regalos: Oro, incienso y mirra.” (Mateo, 2) 

Algunos pueden pensar qué suerte tuvieron los pastores y los Reyes Magos que pudieron hacer regalos a Jesús pero hoy nosotros ya no podemos hacer eso. Tú y yo sí podemos hacer eso mismo. 

Jesús ya resucitado nos dijo que Él había salido del Padre y volvía al Padre y a continuación nos dijo: “Yo ME QUEDO CON VOSOTROS todos los días hasta el fin del mundo.” (Mateo, 28) 

¿Y dónde podríamos encontrar a Jesús hoy, estos días? Él mismo en persona se encargó de dejarnos sus señas, su dirección actual. Él mismo nos dijo con toda claridad donde, en qué lugar podríamos encontrarlo. Lee el Evangelio de Mateo, 25,31. Allí encontrarás su dirección. Dice Jesús: “Yo tuve hambre y me diste de comer, tuve sed y me diste de beber, estaba enfermo y me visitaste, estaba desnudo. . .” 

Ésta es su dirección actual. Dice Jesús: “Cada vez que lo hicisteis con alguno de mis hermanos más pequeños, más débiles, conmigo lo hicisteis.” Espero que tú y yo le reconozcamos hoy. Está envuelto en pañales; envuelto en los pañales del paro y del hambre, de la ancianidad, de la soledad y del abandono, está envuelto en los pañales de la niñez y de la debilidad y de la desnutrición.   

Ojalá que las muchas y deslumbradoras luces de estos días no nos impidan ver la LUZ, para descubrir a Jesús. Es Jesús el que te necesita a ti y a mí y el que nos espera. Acércate y comparte tu pan y tu cariño. 

Navidad, fiesta de familia y de FAMILIA y de regalos. 

Seguiremos reflexionando. Con el cariño de PUBLIO ESCUDERO.